Como cada mañana, hoy he vuelto a despertar. Aún oigo respirar a mi
compañero en la cama de al lado. Respiraciones entrecortadas; casi
ronquidos, pero aun así placenteros. Aun no había llegado el momento de
despertar.
Aun puedo oir el gotear del grifo, como la gota nace y va a morir al deshagüe.
Vestimenta rápida y desayuno frugal, es hora ya de salir en busca de mi destino.
Camino lenta y pausadamente, sobre la fria carretera de asfalto, pies
escarchados y piernas cansadas me acompañan en mi caminar. Por fin llegó
a la fria parada. Cristalica y metalizada. Uno de sus cristales yace
roto a mis pies, vandalos quizá.
Llegá el bus, treinta historias se entrelazan en un instante para dejarse marchar al siguiente.
Miles de emociones y sentimientos en ese autobus vespertino, que como siempre llega tarde.
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