Primera
puñalada y la sangre ya comenzaba a bañar suavemente el esmalte de sus dedos,
segunda puñalada y el pequeño hombre dejó de forcejear, con la tercera puñalada
notó como la cuchilla perforaba su frágil corazón.
No hizo falta más, Varius
estaba muerto.
No
tenía un minuto que perder, volviéndose a poner la capucha que tantas noches la
había acompañado, abrió la ventana y se deslizo sobre la cornisa, el ejército
no tardaría en llegar.
Como
un gato, descendió por la barandilla hasta internarse en la ventana del segundo
piso del imponente edificio. Con más de cien mil metros cuadrados, el palacio
presidencial era el edificio más grande de Tenesia.
Necesitaba correr, necesitaba permanecer
despierta, sabía que el veneno no tardaría en expandirse por su cuerpo y si
llegaba hasta su corazón este se detendría para siempre.
Al
llegar a la puerta principal que conectaba con los jardines decidió tomarse un
segundo de respiro, concentrada, escuchando cada brisa de viento, cada paso,
cada latir de cada corazón pudo identificar el avance de dos guardias hacia su
posición.
No fue complicado esquivarlos, tan sólo permaneciendo en la oscuridad
de un recoveco del salón y aprovechándose de las sombras.
Salir
a los jardines no le llevo mucho tiempo, sin embargo el tiempo se le agotaba
cada paso, cada zancada era un pequeño impulso para el veneno.
Cuando
por fin pudo saltar la alambrada que daba a la calle más grande de Tenesia se
sintió mareada, el coche de caballos estaba ahí se dijo, debía alcanzarlo,
debía llegar hasta él. Poco a poco, pulgada a pulgada consiguió llegar al
coche, abrió la puerta y se recostó en el asiento.
-Buenas
noches, Mellhaed ¿Sorprendida? Oh, no lo
estés, todo ha salido según nuestros planes chiquilla, ahora descansa.
Y
sintiendo el pinchazo de una aguja, Mellhaed se durmió profundamente.